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¿Por qué ir a Bali al menos una vez en la vida?

Leer, pronunciar o escribir “Bali” me traslada automáticamente al momento en el que vi por primera vez “Comer, rezar, amar”, película donde la hermosa Julia Roberts nos muestra esta isla de Indonesia donde encontró el amor y pudimos ver un poco de la mística que tiene esta isla asiática. Tiempo después, cuando leí el libro de Elizabeth Gilbert, Bali pasó automáticamente a mi bucket list viajera, que ya para ese punto era interminable.

Hace unos meses tuve la suerte de poder visitar Bali en mi primer recorrido por el Sudeste Asiático (me enamoré de tal manera de todos esos países que definitivamente quiero volver), y afortunadamente, fue más de lo que esperaba. Bali es mucho más que un lugar turístico: cada familia balinesa tiene historia, cada rincón algún secreto que contar, una forma de vida, una religión marcada por ofrendas diarias, templos increíbles y con construcciones que caracterizan la zona. Bali es magia pura, pero obviamente, la manera de vivir la experiencia en el lugar depende de cada viajero.

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Definitivamente quiero volver a Bali, no sólo porque me parece que estuve poco tiempo para enriquecer mis sentidos al 100% en la isla de los dioses, sino porque es un lugar que regala todo el tiempo colores, formas, aromas, paisajes, y buena vibra de sus locales. Tenés que tocar Bali con tus pies al menos una vez en tu vida, te cuento mis 5 motivos para hacerlo:

1. Naturaleza pura y paisajes increíbles

¿Querés visitar playas paradisíacas? ¿Montañas? ¿Aguas cerradas y cascadas? ¿Acantilados? ¿Volcanes? Podés encontrar todo junto acá. Hay biodiversidad para todos los gustos. Te prometo que podés ver los mejores atardeceres de tu vida en Bali, podés conocer especies únicas de monos, serpientes marinas, entre otros animales que habitan estas tierras. Tip: Uluwatu es el lugar indicado si querés respirar todo esto junto en un rincón.

2. Cultura y religión única

Bali te sorprende desde la estructura de su aeropuerto (Denpasar) hasta las ofrendas diarias que vas a ver afuera de toda casa, comercio, templo, o edificio que se hacen a los dioses. La misma contiene flores de distintos colores, cada una con un significado distinto, arroz en señal de alimento y sacrificio, fuego en señal de fortaleza, y otros ingredientes que pueden ir variando según la época del año.  Conviven varias religiones, pero la mayoría de la población practica el islám y el “hinduísmo balinés” en los templos más visitados de la isla. Tip: A nivel personal, creo que Ubud es la zona donde se puede vivir la cultura y las tradiciones con mayor intensidad y ver la típica danza balinesa. 

3. Un viaje espiritual

No sólo es un lugar perfecto para enriquecer nuestra fe y espiritualidad haciendo algún retiro de silencio, yoga, meditación, reiki, entre otras disciplinas alternativas cuyo desarrollo es ampliamente mayor en Asia; Bali es impactante y movilizador desde el momento en el que, con una cabeza occidental, escuchás a los locales que te cuentan cosas como:

  • Las familias Balinesas viven toda su vida en la misma casa, ya que creen la energía debe conservarse, limpiarse, y sanarse en mismo lugar. Incluso cuando una persona muere, se hacen rituales para curar lo que pudo haber quedado pendiente en su vida y en la de sus ancestros.
  • Consideran también que cuando un alma se eleva, la misma reencarnará en la siguiente persona que nazca. Si nunca leíste nada sobre la reencarnación, te recomiendo el libro de Brian Weiss “Mucha vida, muchos maestros” para empezar.
  • Las mujeres vivirán en la casa de sus esposos una vez que se unan en matrimonio.
  • Dentro de la distribución del hogar, debe haber un lugar externo y uno interno dedicado a la oración de los dioses. Generalmente es en estos pequeños altarcitos fuera de las casas donde se dejan las ofrendas diarias que nombré anteriormente.

Tip: Aunque no me alcanzó el tiempo para hacerlo, otros viajeros me habían recomendado  los siguientes centros de práctica de yoga y meditación: White Lotus Yoga & Meditation Center  y Ashtanga Yoga Bali.

4. Gastronomía y autosustentabilidad

Viajamos con los sentidos, y el gusto es el que tiene que agudizarse en Bali para probar la cantidad de platos autóctonos que hay, los cuales varían según la parte de la isla en la que te encuentres, a salvo del arroz y el opcional del picante, base de casi todo menú asiático. Utilizan mucho el pollo y el cerdo, con distintas salsas y vegetales combinados de manera tal que sólo vas a querer seguir testeando cosas nuevas todos los días.

Por otro lado, las famosas terrazas de arroz no son sólo un lindo paisaje turístico para recorrer. Son manifestaciones de la organización económica y el modo productivo autosustentable de las familias, todos los integrantes trabajan en sus porciones de arrozales, plantando, extrayendo, purificando, o secando el arroz, para obtener la base de su alimentación. Estamos tan acostumbrados a los productos envasados, de producción masiva e intervención química, que ver con mis propios ojos a estas personas trabajando la tierra fue maravilloso.

5. Actividades y alojamiento para todos los presupuestos

Bali es un destino barato, podrás hacer la diferencia en el alojamiento donde te hospedes, en si comés comida local en los mercados o cenás todas las noches en restaurantes. Pero uno verá según los recursos como adaptarse para aprovechar al máximo los días. Algunas recomendaciones por aprendizajes propios:

  • Creo que una semana es la estadía mínima que habría que alojarse para sacarle el máximo provecho al lugar.
  • Las lecciones de surf, alquiler de snorkel y buceo son actividades muy baratas para hacer acá, en comparación con otros países cercanos como Australia.
  • Las distancias no son cortas, el tráfico puede ser un poco caótico, pero alquilando una moto vas a poder manejarte perfectamente y conocer todo lo que quieras.
  • Hay vida nocturna y muchos lugares de shopping en Kuta, pero las playas no son lindas, por ende te recomendaría no hospedarte ahí, salvo que sea por una noche para estar cerca del aeropuerto.
  • Aprovechá para visitar las Gili Islands y Lombok, paraísos imperdibles a los que tenés puerta directa desde Bali.

Bali fue uno de esos lugares donde sentí que la curiosidad superaba la incertidumbre. Cuestionarnos, adaptarnos, poder entender otro modo de vida, otro modo de sentir y pensar, abrir la cabeza y el corazón para poder mirar el mundo a través de los ojos del otro, y poder comprender mejor el nuestro; es algo que no depende de un lugar en sí mismo, sino de nosotros y de nuestra interacción con el contexto. Cuando viajamos todo parece estar a flor de piel, debemos usar esa conexión para llevarnos de cualquier rincón del planeta una única certeza: el aprendizaje.

Escrito por María Luján

María Luján (Luji), 25 años. Soy apasionada, soñadora, argentina pero con mi corazón en el mundo. Abogada de profesión pero viajera por vocación.
Viajar es mi terapia, llevo el gen wanderlust adentro mío y en mi piel.
Viajar me enseñó que todos los límites que nos ponemos son sólo mentales, y que la cabeza se abre y no se cierra jamás.
Los vínculos son lo más preciado que nos llevamos en nuestra mochila, y no importa ni el lugar ni el tiempo cuando conectamos de verdad.
"El mundo es de los valientes" dice Pablo Arribas (El Universo de lo Sencillo), y creo profundamente en la gente que tiene la valentía y la confianza en sí misma de seguir sus sueños y perseguir lo que quiere con todas sus fuerzas.
Agradecida de la vida.
New adventures coming soon!
Instagram: @lujindia

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